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Anorexia y celiaquía

La anorexia nervosa (comunmente conocida como anorexia) es uno de los diagnósticos psiquiátricos más comunes en adolescentes. Afecta entre el uno al cuatro por ciento de la población femenina en los países desarrollados y es un serio trastorno alimentario, potencialmente mortal.

El Manual de Diagnóstico y Estadística de los trastornos mentales para anorexia (publicación de la Asociación Psiquiátrica Americana) incluye algunos o varios de los estados siguientes para definir la anorexia: restricción persistente de la ingesta de energía que conduce a un cuerpo de peso significativamente bajo, un miedo intenso a ganar peso o de engordar, o comportamiento persistente que interfiere con el aumento de peso y alteraciones en la forma en que el peso corporal o la forma se experimente, la influencia indebida de la forma y el peso del cuerpo en la autoevaluación, o persistente falta de reconocimiento de la seriedad del bajo peso corporal actual.

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La anorexia a menudo se presenta en la adolescencia al igual que la enfermedad celíaca (aunque puede ocurrir en cualquier momento en la vida). La clásica presentación clínica de la enfermedad celíaca de forma predominante suele consistir en síntomas gastrointestinales tales como pérdida de peso, dolor abdominal y diarrea, aunque los pacientes pueden tener presentaciones atípicas y asintomáticas también, y no necesariamente gastrointestinales, como ya hemos visto en varios post de nuestra página y en nuestro perfil de Facebook.

La anorexia y la enfermedad celiaca pueden compartir síntomas superpuestos (pérdida de peso y falta de consumo de alimentos). Esta confluencia ha desencadenado un interés en la relación entre estas dos condiciones.

Hay muchos informes de casos y múltiples estudios retrospectivos que examinan esta relación, aunque la mayoría son anteriores a 2010, por lo que los datos pueden ser cuestionables respecto a los datos actuales. Algunos investigadores creen que puede existir una relación bidireccional entre la anorexia y la enfermedad celíaca. Esto significa que algunos pacientes diagnosticados con anorexia como resultado de su restricción respecto a los comportamientos de alimentación y la pérdida de peso pueden en realidad ser diagnosticados erróneamente, y de hecho puede hacer que algunos pacientes con la enfermedad celíaca pueden estar en riesgo de desarrollar anorexia a través de sus temores extremos a tener síntomas gastrointestinales indeseables o exceso de ganancia de peso atribuido a la posibilidad de la ingesta accidental de algún alimento con gluten.

Se ha descubierto que las tasas de enfermedad celíaca en pacientes que ya han sido diagnosticados con anorexia son próximas al 2,4% y las tasas de un trastorno alimentario en pacientes con enfermedad celíaca se han informado hasta del 7%. Wagner et al realizaron un estudio multicentro en Austria en 2015, en el que evaluaron a 259 pacientes adolescentes, de los cuales el 15,5% padecían la enfermedad celíaca y un trastorno alimentario comórbido. Ese estudio encontró que, en comparación con los grupos de control sanos, aquellos pacientes, que eran mujeres de mayor edad, con un índice de masa corporal (IMC) más alto, puntajes de depresión más altos y más transgresiones dietéticas, se relacionaron con un mayor riesgo de un trastorno alimentario subyacente. También se descubrió que estos pacientes tenían mayor predisposición a evitar daños, menor persistencia (menos perseverancia frente a la fatiga o la frustración), menor autodirección (una mayor incidencia de comportamientos apáticos y una tendencia a culpar a los demás o mala suerte por sus problemas), menor cooperación (el grado en que una persona es generalmente agradable en sus relaciones con los demás) y una mayor autotrascendencia (la capacidad de centrar la atención en hacer algo por el bien de los demás) en comparación con los grupos de control sanos.

Los investigadores consideran que muchas de estas diferencias estaban directamente relacionadas con las tasas más altas de depresión en los pacientes con trastorno alimentario en comparación con los controles sanos.

Los cambios en la industria y la sociedad de la última década, con el incremento de la producción de alimentos sin gluten y la concienciación sobre la enfermedad celiaca, nos hacen suponer que se facilita la observación de una dieta celiaca estricta, reduciendo la presión de los pacientes y en consecuencia habrá una reducción en los índices de trastornos alimentarios. Desafortunadamente no existen estudios que investiguen esta tendencia.

En resumen, es importante que se evalúe por celiaquía a los pacientes de anorexia con dolores digestivos que no respondan al tratamiento psiquiátrico. Igualmente los pacientes celíacos vulnerables a desarrollar desórdenes alimentarios deberían ser monitorizados por síntomas que sugieran un desorden alimentario activo. Si se les detecta deberían ser referidos a una evaluación psicológica.

Fuente: basado en un artículo la revista Impact del “Celiac Disease Center” de la Universidad de Chicago. Octubre 2017

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